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Ocurrió a mediados de esta semana: Zapatero sabía del malestar existente en las filas socialistas por la composición del Gobierno, que unos calificaban “de amiguetes” y otros “un ejemplo de show business”. “Nos pasamos la vida trabajando por el partido, pero cuando llegan los chupes gordos vienen otros y se los llevan”, decían entre copas llenas de despecho por las barras del Madrid galdosiano. Hasta que llegó la orden de Moncloa: “Gobierno y Ejecutiva cenaremos juntos en Ferraz”. Se temía una velada tensa de final imprevisible, mas el Presidente, que lucía la prótesis-sonrisa de las grandes ocasiones, logró a base de promesas y palmadas que las espinas se tornasen rosas; la reunión terminó entre abrazos y lágrimas, como es preceptivo en toda reconciliación.
Antes hubo reproches, desde luego. Narbona callaba, pero en el aire estaba que fue cesada por su oposición a cualquier trasvase y su defensa de las desaladoras, que deberían resolver el problema de Barcelona si el conseller catalán de medio Ambiente no hubiese paralizado las obras más de un año. Hubo chistes a propósito de Elena Espinosa, que es ministra de dos departamentos contradictorios, pues como responsable de Agricultura y Pesca debe apoyar medidas expansivas que la conservación del Medio Ambiente desaconseja; de hecho ya discutió varias veces con Narbona por aumentar o no las capturas de pesca y por cultivos agrícolas. Ella se defendió del lío originado por el trasvase: dijo que la habían enviado a negociar con Montilla atada de pies y manos, que le recomendaron comprar agua a los regantes del Ebro pero no le dijeron si éstos querían vender, que pactó con Montilla impermeabilizar las acequias sin saber que el suelo es arcilloso y el agua no se filtra, que los regantes tenían que inundar ahora sus tierras para cultivar el arroz, que el caudal del Ebro en la desembocadura es de 100 m3/segundo pero setenta son necesarios para la central de Ascó y salen tan calientes de ella que han de ser mezclados con los otros treinta para evitar que el río suba su temperatura más de dos grados. “¡Yo no sabía nada de eso!”, decía entre sollozos Espinosa. “¡Sólo faltaba que para ser ministro hubiese que saber cosas!”, remató otro. Fue un momento difícil. Menos mal que, por animar el ambiente, Bibi Aido, la de Igualdad, y Caldera salieron a bailar el chotis “Pichi” y entre piropos y requiebros se llegó a los postres.
Bernat Soria, ya con dos copas, recordó al Presidente que le hizo ministro para impulsar la investigación médica, pero que ahora ha traspasado ésta al ministerio de Innovación, lo que aborta el plan que tenía en marcha. “¿Quiere decir eso que nos abandonas?”, dijo el Presidente con su mejor sonrisa. Al pobre de Bernat le entró tal sofoco, “¿abandonar yo? ¡Eso nunca!”, que hubo de ser trasladado a su coche oficial para que el sonido musical de su motor le devolviese la color. También la vicepresidenta reprochó a Zapatero que nombrase una secretaria de Estado de Comunicación siendo ella tan buena comunicadora. Alguien comentó que la nombrada, Nieves Goicoechea, fue recomendada al Presidente por su amigo García Farreras, director de La Sexta, tras los rechazos previos de Angels Barceló y Olga Viza, que prefirieron seguir en sus trabajos actuales. Farreras, tan amigo de Florentino Pérez, es buen engranaje para hablar en confianza del caso Iberdrola, cuya compra por EDF apoya Sebastián. Por cierto, éste estuvo muy simpático, gastando bromas a Solbes (un poco pesada la de mezclarle matarratas con la lubina dos salsas, pero así las gastaba César Borgia y era hijo de Papa). Solbes, lúgubre toda la noche, no supo explicar por qué se ha marginado al Instituto de Estudios Fiscales de la famosa lista de Balanzas idem que, básicamente, servirá para demostrar que las Comunidades ricas aportan más y por tanto debemos darles más dinero. Es usted un aprendiz, señor Botín. Confesó Solbes que no sabe cómo devolver los cuatrocientos euros prometidos y añadió que debería hacerlo Sebastián, que para eso copió la medida en Washington.
Rubalcaba, decepcionado porque Zapatero no pasó a Interior el control de la Inteligencia, se quejó de que al frente de ese organismo continúe Alberto Sáiz, un hombre de Bono que tampoco tiene la confianza de Chacón, pero a quien el Rey tiene en gran estima, pues despacha frecuentemente con él. Ah, el Rey. Un secretario del partido pidió entonces “¡que desfile Chacón!” Comoquiera que la petición se hiciera unánime, la interesada, acompañada por Alonso, pasó revista a los comensales mientras repetía en todos los idiomas peninsulares la frase “capitán, mande firmes” que ya ha dado la vuelta al mundo. El cronista, rememorando la estampa de esa mujer embarazada ante las unidades militares, no puede menos que emocionarse: el militarismo español, el africanismo, los innumerables golpes de Estado; todo eso y mucho más han culminado en esa voz femenina con acento catalán que dice sin gritar “capitán, mande firmes”. El puñetero Presidente, maestro del show business, acertó una vez más con la imagen que inicia la legislatura: antes fue lo de Irak, ahora esto. Lástima de que una película sea mucho más que un buen arranque. Claro que Chacón tiene ambición y el miércoles ordenó preparar un avión para trasladarse a Afganistán; sus asesores le dijeron que era imposible, por su embarazo de siete meses y por el peligro de la zona donde están las tropas españolas, más ella insistió. Y en los cuarteles, al saberlo, se cruzaban miradas incrédulas los viejos lobos del machismo castrense. ¿Son sólo gestos? Por supuesto, pero por cosas así suelen ser juzgados los políticos.
Al terminar la reunión, mientras la mayoría se alejaba en sus vehículos oficiales, un ciego cantaba en la calle el romance del día que Cayetana Guillén Cuervo iba a ser nombrada secretaria de Estado de Cultura. Viva el espectáculo. |