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Muchas son las recetas de magdalenas que pululan por el universo de las cocinas de nuestras madres o abuelas. Se diferencian sólo en las cantidades de los ingredientes y en las esencias que les aplican o no añaden.
Siento que mi madre no me haya dado su receta, que era conocida de todos mis amigos en colegios y universidades en donde he estudiado. Parece que no viene a cuento el nombrar a mi madre. No pretendo decir que era una gran pastelera, que sí lo era. Lo que digo, es que hay muchas formas de hacerlas y como aquellas de interior blando, sabrosas, que se deshacían al contacto de la lengua, que al incar de los dientes quebraban su corteza crujiente, nunca más he ingerido tan deliciosa magdalena, desde la última hornada hecha por ella.
He intentado varias recetas, pero ninguna se le compara en nada. Me parece recordar que las cantidades de mantequilla, azúcar y harina eran las mismas. Habiéndome puesto manos a la obra, he elaborado algo que merece la pena. Son buenas. Mejores las hay, como las brujas gallegas, pensando en las de casa, las magdalenas, pero esas negando a Rosalía, no volverán. Veleidades que nunca llegarán a firmezas.
Del origen de estas veleidades, os diré que provienen de una disputa entre el intendente del rey, Stanislas Leszcynski, y su pastelero. Éste, enfadado, dejó a todos los invitados a la cena, en ese día, en el castillo de Commercy y a su señor, llevándose con él la bandeja de los postres. Ah, pero he aquí, que una doncella le salvó del apuro, se fue a la cocina y preparó en un plis plas una receta de su abuela super rápida. Tan agradecido quedó el Intendente real, que dio sin titubeo el nombre de la moza a los deleites por ella presentados, madeleines. De ahí que, en castellano, se llamen magdalenas. En inglés, se llaman pasteles de hadas, fairy cakes, talvez, porque estos pequeños goces se hacen, como he dicho, en un plis plas. Todo esto ocurrió en Commercy, departamento de Meuse siendo la especialidad de esta ciudad, situada al noroeste de Francia, departamento que debe su nombre al río Meusa.
Hay quien en España las atribuyen a la creación de monjas españolas. Había que remontarse varios siglos atrás para preguntar a la abuela de Madeleine, quien le había dado la receta.
Después de elogios merecidos e historia bien narrada, os inicio en la aventura de las madeleines, pequeño pastel que se diferencia del bizcocho, en que llevan mantequilla y de los sobados de Astorga, en que llevan manteca de cerdo.
Shame on you! diría un inglés al ver que Espasa Calpe dice, bollo pequeño hecho con los mismos ingredientes que el bizcocho de pastelería, si se refieren al bizcocho genovés o al b. de Turín o al pan di Spagna, entre otros, bueno, así diría shame on me. Bizcochos hay muchos, pero el bizcocho por excelencia sólo lleva harina, huevos y azúcar y levadura para hacerlo más esponjoso, quien le eche. Dentro de algunas semanas, daré una receta conventual más, bizcocho de Lorvao o ,en portugués, de donde es originario, pao de ló de Lorvao. Este bizcocho lleva almendra y más ingredientes.
Ya veis, en esto de recetas, hay para todos los gustos, pena que el gusto que resulta de trueques y de más permutas de menesteres culinarios, no todos dan el mismo resultado.
Las magdalenas se suelen hacer en moldes con forma de concha, tipo barquilla. Como yo no tengo, he hecho la foto de estas pequeñas gollerías dentro de una concha, habiendo utilizado oblongas de papel plisado. En el renacimiento, había un gremio dedicado en hacer oblongas de papel plisado, para los mantecados de Astorga. Todo cambia, todo muda. Hoy tenemos multinacionales. Competencia, los chinos. Compráis oblongas de papel, en la tienda de los chinos de todo a cien, más baratas.
Ingredientes:
250gr de margarina,
250gr de azúcar,
250gr de harina,
4 huevos,
1 cucharadita de fermento químico,
unas gotas de vainilla,
ralladura de 1/2 limón, no de los que llevan ceras.
Preparación
Batir el azúcar y los huevos, con varillas eléctricas, durante 10 minutos. Incorporar la harina, mezclada con el fermento, sin batir, pero bien mezclado. Derretir la margarina en el microondas o en un cazo al fuego, sin que hierva. Se añade a la mezcla en chorro, mezclando bien. Se llenan oblongas de papel, sólo hasta un poquito más de la mitad.
Hay quien las espolvorea con azúcar en grano y las deja reposar de 1 a 2 horas. En casa, le ponían una uva pasa en el fondo y no reposaban.
Van al horno precalentado a 180º C, a la misma temperatura, hasta que se doren y estén cocidas.
Con estas cantidades, he hecho 27 magdalenas.
Mi e-mail para dudas o comentarios, uchaalbertcarles@hotmail.com
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