Pastelillos de Lorvão.Estos pastelillos, como otras gullorías conventuales, Nevadas de Pena Cova, Pastéis de Lorvao, Queijo conventual, Lampreia doce, Bolo podre se deben al monasterio de Lorvao. Desde que el monasterio pasó a pertenecer a la Orden de Císter, sus usos cistercienses limitaban la dieta a una dieta casi vegetariana. Sólo en ocasiones festivas eclesiásticas se quebrantaban las reglas alimenticias para poder introducir el arroz o algún dulce a la merienda y cena, también servidos éstos a los huéspedes reales y otros de gran importancia que pernoctaban o pasaban algún tiempo, en el monasterio, para reposo durante sus viajes.
Según viejos cronistas monásticos, este monasterio surgió en el siglo VI habiendo sido su fundador un abad de nombre Lucêncio, conocido también por haber asistido al concilio de Braga. Pensemos que los árabes llegaron a la península en el 711.
Sólo después de iniciada la reconquista a los moros e, en concreto, de Coimbra en 878, aparecen los primeros escritos sobre el convento y su papel decisivo en lo agrario y repoblación de la región. Accedieron a estas tierras gentes que incrementaron su desarrollo debido al monasterio y su buen hacer.
El abad Primo mandó venir artesanos de Córdoba, que ejecutaron varias obras en la región.
Sólo después de 1064, esta comunidad, que habían ayudado con víveres a los combatientes que cercaron Coimbra, pudo recuperar su prestigio y esplendor pasados, desde el ataque musulmán de 987.
D. Afonso Enriques después de vencer a los moros, en Ourique en 1138, se proclamó rey de Portugal en 1139. Su lucha contra los moros y el vasallaje de D. Afonso al Papa le valió el reconocimiento de rey mediante una bula papal en 1143.
Hacia 1200, D. Teresa nieta de D. Afonso Enriques e hija de D. Sancho I después de ver anulado su matrimonio con Alfonso IX de León, se vino al monasterio de Lorvao, pasándolo para la Orden de Císter, expulsando a sus monjes.
Grandes personajes, como la reina D. Sancha y la reina D. Teresa, fueron enterradas en este monasterio. Varios períodos de esplendor dotaron al recinto sacro de grandes obras de arte.
La iglesia, que se conserva hoy en día en perfecto estado, de construcción magnífica, en la línea del barroco joanino de Mafra, fue construida entre 1748 y 1761.
Con las invasiones napoleónicas y en virtud del acuerdo de España con Napoleón, en 1801, Portugal fue ocupado primero por las tropas españolas, debido a la alianza histórica de este reino con Inglaterra y en 1907 por el ejército francés de Juniot, después en1809 por Soult y en 1810-1811 por Massena. La familia real portuguesa se refugió en Brasil y a la muerte de la reina, su hijo Juan VI, regresó a la metrópoli dejando el gobierno de Brasil a su primogénito Pedro, que fue coronado emperador de Brasil en 1822. A la muerte del rey, su hijo renunció al reino de Portugal en favor de su hija María habiendo dejado a su hermano Miguel, la regencia del reino que le usurpó la corona y se nombró rey en 1828. En la revolución de 1820, el monasterio había perdido prestigio y riquezas quedando en la más absoluta pobreza. En 1834, cuando María II recuperó el trono prohibió la entrada de nuevas novicias al convento muriendo la última monja en 1887 durante el reinado de sus descendientes, Pedro V y Luís I. Aún así, una criada de las monjas había llevado con ella para Pena Cova la receta de las Nevadas, que podemos degustar hoy en esta ciudad. Con el pasar de los últimos siglos, casi todas estas recetas conventuales de Lorvao se habían casi perdido habiendo sido recuperadas gracias a los trabajos realizados por el Ayuntamiento de Lorvao cuando formó, en 2001, una asociación de desenvolvimiento para recuperación de recetas conventuales, regida por un catedrático de la Universidad de Coimbra.
Volviendo otra vez al monasterio, en uno de los altares del coro de la iglesia se encuentra la hermosa imagen de Nossa Señora da Vida del siglo XIV. De 1747, tenemos la más fastuosa sillería de coro de Portugal, por la finura de sus santos y máscaras tallados en Jacaranda mimosifolia y nogal, con un claustro harmonioso en estilo del clasicismo “coimbrao”y algunas capillas secundarias de inicios del siglo XVII, no pudiendo dejar de mencionar la puerta de la entrada realizada en la madera negra posiblemente de Australia o de dalbergia de Africa o la India, una especie de palisandro con aplicaciones de bronce dorado. Todo este conjunto histórico y toda una gastronomía dignas de una visita, si pasamos por Coimbra y podemos desviarnos unos pocos kilómetros a Lorvao.
No podría acabar sin contaros la leyenda del origen del nombre de Lorvao. Cuando, en Vale Bom, se iniciaron las obras de un monasterio, todo lo que habían hecho de día era destruido por algo o alguien durante la noche. Un buen día, los trabajadores oyeron una voz que les decía para levantar el monasterio donde hubiese un laurel hueco, en portugués, loureiro vao. Habiendo encontrado un laurel centenario hueco, levantaron ahí el monasterio, Mosteiro de Lorvao. Este monasterio, como hemos visto, está vinculado al inicio del reino de Portugal. En él, encontramos dos tumbas, en plata, de las santas Teresa y Sancha, realizadas por el joyero Manuel Carneiro da Silva de 1715, así como grandes telas de Pascoal Parente representando a S. Benito y S. Bernardo.
Receta de los pastéis de Lorvão
Ingredientes
420gr de azúcar,
2,5dl de agua,
120gr de almendra molida,
12 yemas,
2 claras,
40gr de harina,
ralladura de un limón,
canela a gusto,
mantequilla y harina para los moldes.
azúcar para espolvorear los pasteles.
Elaboración
Poner el agua y el azúcar al fuego hasta que alcance punto de bola fuerte, 120º C o 40 Baumé. En este momento, se retira del fuego y se le añade la almendra llevándolo de nuevo al fuego hasta que empiece a hervir. Retirar y dejar enfriar, más o menos.
Entretanto, mezclar las 10 yemas, los 2 huevos enteros, la harina, la canela y la ralladura del limón. Yo no le mezclo mantequilla derretida (50gr). Hay recetas que así lo piden. Incorporamos este preparado a la mezcla anterior removiendo siempre. Llenamos los pequeños moldes untados y enharinados.
Horneamos, en horno precalentado, a 190º C. hasta que veamos que al pinchar están cocidos.
Se retiran y se pasan por azúcar. Si se desea, se meten en oblongas de papel, como si fueran magdalenas.
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